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¿Es mejor nuestra inteligencia hoy o la artificial de mañana?
Cada revolución del pasado ha vivido su propia versión de esta pregunta. Las máquinas de vapor, la electricidad, los tractores. Se conocía bien el camino que se dejaba atrás para emprender uno nuevo y audaz en el que se depositaban esperanzas y pocas certezas.
El sentido de la responsabilidad es uno de los factores que nos ha permitido evolucionar como género humano, en todo lo que hemos hecho y seguimos haciendo. La conciencia es el valor que evalúa cada cambio, sopesando el presente y el futuro.
¿Qué lugar ocupará el ingenio humano en las próximas revoluciones?
Nos lo preguntamos hoy, tan evolucionados que llegamos a poner en duda nuestra necesidad de estar en esta Tierra.
Un ecosistema de inteligencias
El progreso artificial que estamos viviendo conlleva la misma ambivalencia que un tractor de gasolina para los jornaleros y los aparceros: es la promesa de una evolución sin parangón y, al mismo tiempo, una amenaza ante la que aún no sabemos si sucumbir o resistir.
Pero la realidad está llena de matices, como nos enseña la naturaleza en cada estación.
En nuestra época conviven diferentes tipos de inteligencia, todos aquellos que hemos sido capaces de inventar (sí, nosotros) y que se han arraigado en nuestras vidas: la inteligencia humana, entre todas, la automatizada de las máquinas, la etérea de lo digital y la artificial, aún no del todo comprendida.
Este ecosistema de inteligencias ha surgido de nuestra especie y es lógico pensar que está evolucionando hacia un objetivo totalmente humano: sostener el bienestar de las personas, mejorar la calidad de vida en su conjunto, proyectar un futuro aún más lejano. Si es posible.
En este equilibrio hemos aprendido a bailar, a vivir, a trabajar, a formar nuestras familias, a soñar y a difundir. A seguir inventando y a ayudar a hacerlo.
Y, sin embargo, seguimos aquí, preguntándonos cuánto pesa nuestra responsabilidad sobre el mañana.
Ingenio
Uno de los ámbitos en los que la inteligencia artificial está demostrando su potencial es la gestión de la energía y los recursos.
Los sistemas de monitorización y análisis de datos permiten la observación y el control en tiempo real del consumo energético, la identificación de ineficiencias y la mejora de los procesos productivos.
En esto, la IA es insustituible, porque nosotros no disponemos de todo su tiempo.
En Nesite, la inteligencia artificial también se utilizará para analizar los datos relacionados con el consumo y los ciclos de producción, identificando los momentos más eficientes para activar determinadas máquinas, durante cuánto tiempo y en qué secuencia, con el fin de
reducir el desperdicio de energía y optimizar los recursos.
Cradle to Cradle es la certificación que guía este proceso. En un modelo en el que cada recurso está pensado para volver a generar vida, la inteligencia artificial es la presencia que hace posible lo que, de otro modo, seguiría siendo una intención.
Aliada y compañera, puente concreto entre la teoría y la acción, la IA es la herramienta con la que honramos nuestro compromiso con una economía circular y auténtica. Sin miedo, esta vez.
La tecnología perfecciona y eleva el trabajo humano, permitiendo a las personas tomar decisiones más conscientes y construir un proceso productivo más sostenible en el tiempo.
El resultado de esta colaboración de inteligencias se mide en el bienestar colectivo, para el medio ambiente, para la calidad y la continuidad del trabajo, y para las personas a las que se les permite recuperar el tiempo y la creatividad para seguir haciendo lo que mejor saben hacer: esforzarse.

Lo que dicen de nosotros
Las tecnologías que inventamos siempre dicen algo de nosotros. Cada invento nace para llenar un vacío o hacer realidad un sueño.
El motor es humano, si lo pensamos bien. La primera máquina creadora seguimos siendo nosotros.
La rueda nos impulsó desde el lugar, fangoso y oscuro, en el que nos encontrábamos más allá del límite físico de nuestros pies. Las máquinas de vapor demostraron la fuerza sobrehumana de querer conquistar nuevos mundos. La luz artificial amplió los límites de nuestros encuentros, límites que luego internet anuló transformando el mundo entero en un único espacio común.
Todas carencias, todos sueños que seguimos teniendo hoy. Lo que cambia es la herramienta de que disponemos.
La inteligencia artificial aplicada al seguimiento energético anuncia y reitera la urgencia de reparar la relación con nuestro planeta. Somos conscientes de que necesitamos ayuda para gestionarlo con cuidado y visión de futuro.
Tenemos límites naturales, como cualquier especie viva, pero seguimos queriendo comprender nuestro mundo infinitamente complejo, queriéndolo y deseando que sea bello y saludable para siempre.
La elección
Si somos (in)sustituibles o no, bueno, solo nosotros podemos decidirlo.
Y en esta elección se equilibra nuestro miedo a participar o no en las responsabilidades de la existencia.
¿Realmente queremos ser sustituidos? ¿Creemos tan poco en nosotros mismos como para renunciar a nuestra capacidad de imaginar, de proyectar y de cuidar del mundo?
El capital del ser humano reside en su pasión, en la capacidad de imaginar, de interpretar, de elegir.

Las relaciones, la creatividad, nuestras manos, las emociones y los estómagos: estas son las cosas que no podrán ser sustituidas ni replicadas. Y es todo lo que necesitamos, hoy, para vivir bien y habitar el futuro con orgullo.
El futuro, el de las personas, el del trabajo y el de la Tierra, sigue siendo, de hecho, una vez más, nuestra feliz responsabilidad.
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Textos de Chiara Foffano – Ilustraciones de Ariele Pirona
