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Siete vidas como los gatos, según dice la tradición popular.
¿Cuántas vidas puede tener un lugar? El Hospital de Norcia tiene casi tantas. Fundado como convento franciscano alrededor del año 1500, acogió durante tres siglos a órdenes de frailes menores y reformados, hasta convertirse en hospital local.
Resistente al paso del tiempo, a los temblores de la tierra, al consumismo del desarrollo turístico. Cerrado e inactivo durante casi cincuenta años, hoy se está restaurando para devolver a la comunidad umbra su función de cuidado.
El espacio renace a otra vida para acoger la fragilidad humana, aliviarla y devolverle la dignidad a través de la belleza.
El tiempo no se pierde
El tiempo pasa, se escapa. Nos parece perdido para siempre. Pero, por suerte para nosotros, existen lugares en los que es posible releer, con claridad, su paso.
Son lugares en los que el tiempo ha pasado, pero no se ha perdido.
El arte lo confirma, fiel testigo de las más diversas formas de belleza, custodia el tiempo para nosotros, para concedernos el permiso de volver a las maravillas de quienes nos precedieron, necesarias para nuestra existencia y nuestra evolución.
El Hospital de Norcia ha vivido todas sus vidas consciente de una única vocación: cuidar de las personas, más allá de la ciencia, a través de la belleza. Sus frescos originales narran la comunión, la benevolencia, la tenacidad y la resistencia, valores tan necesarios para la curación como para la vida.

Diseñar un espacio de curación en un lugar de valor histórico implica la profunda responsabilidad de devolver a las personas la competencia técnica y e e innovación arquitectónica, sin traicionar los orígenes y la memoria que contiene.
Un lugar nunca es neutro, cambia y evoluciona. Y con él, también nosotros.
La psicología del entorno
Podemos sentirnos «como en casa» incluso en otros lugares. La sensación de protección nos permite movernos con libertad, con seguridad y a gusto. Por el contrario, puede ocurrir que ese mismo lugar nos ponga en alerta, por lo inhóspito que es: nos sentimos fuera de lugar, incómodos, en peligro.
Cada otro lugar, entorno y espacio son contextos que modulan activamente nuestras percepciones, nuestros estados de ánimo y nuestras respuestas fisiológicas. El espacio y el bienestar tienen una relación nada trivial. Y en medio está nuestro habitar, el vivir de las personas.
Varias disciplinas antiguas, incluso antes de la ciencia moderna, observaron y regularon la relación entre el ser humano, el espacio, la naturaleza y el tiempo. El Feng Shui, hoy muy extendido, siempre ha reconocido la influencia de la disposición de los espacios, los flujos, los umbrales y las orientaciones en el bienestar físico y emocional de las personas.
La psicología ambiental traduce estas intuiciones al lenguaje científico, analizando cómo la configuración de un espacio afecta a los niveles de estrés, al equilibrio emocional e incluso a los tiempos biológicos de la curación.

Con este fin, la arquitectura se convierte en promotora de procesos curativos que reconocen a la persona en su totalidad y complejidad.
El proyecto Art4ART del Policlínico Gemelli de Roma demuestra cómo la presencia de obras de arte a lo largo de los recorridos hospitalarios ha tenido beneficios concretos en el manejo de la ansiedad, la percepción del dolor y la calidad de la experiencia de los pacientes y sus familiares.
Del mismo modo, el proyecto «Giardino Sensazionale» (Casa di Giò, Cooperativa Germoglio) transforma un espacio exterior en un entorno e e multisensorial capaz de estimular los sentidos, favorecer las relaciones y ofrecer un tiempo de regeneración a quienes lo viven.
La arquitectura y la psicología son órganos vitales de un mismo cuerpo, de un mismo proyecto: el futuro, aún posible, de las personas.
Arte por debajo y por encima
En la restauración del Hospital de Norcia, el diálogo entre las diferentes dimensiones temporales es una elección de diseño consciente para la evolución del edificio, que sigue desempeñando su función de curación sin perder el vínculo con su pasado.
Cada intervención está relacionada con lo existente, el espacio es libre de cambiar sin dejar de ser él mismo. La técnica y la memoria se mantienen unidas, la historia se convierte en presencia activa, capaz de mejorar la experiencia de quienes atraviesan estos lugares. Un equilibrio que encuentra su expresión en el gesto, en la materia, en la solución.
La protección de las superficies históricas y la evidencia de la instalación original siguen siendo fundamentales: lo que ha sido sigue siendo visible, reconocible, presente.
Los suelos técnicos elevados Nesite permiten la distribución de instalaciones, cableados y sistemas de servicio dentro de un espacio técnico accesible, evitando intervenciones invasivas en las paredes históricas y en los frescos de época. La complejidad permanece oculta, al servicio de la funcionalidad y la continuidad del lugar.
Labfloor es el producto elegido y adaptado a las necesidades específicas del proyecto. Flexible e inspeccionable, acompaña el renacimiento identitario del lugar garantizando el cumplimiento de las normas sanitarias en materia de sellado, higiene y seguridad.
Al igual que en Mater Materia, el suelo soporta el cambio del espacio, sin dejar de ser fiel a lo que ha sido y abierto a lo que será.
Los lugares en los que vivimos, en los que residimos (incluso aquellos a pesar nuestro) influyen en nuestra calidad de vida.
Y la belleza, toda ella, visible e invisible, se creamos en ella o no, es necesaria para el bienestar humano.
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Textos de Chiara Foffano – Ilustraciones de Ariele Pirona
