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En el salón comedor está su lugar, verde marrón, con aroma a resina. En las ramas, decoraciones doradas, rojas y plateadas. Algunos dulces, serpentinas hechas de palomitas de maíz.
A sus pies, la carta para Papá Noel y los paquetes de regalo de los «mayores», los tíos, los abuelos, mamá y papá.
En esta parte del mundo, el árbol de Navidad es un abeto auténtico, que huele a aire frío y ceniza. Pero para quienes viven bajo el sol todo el año, se convierte en una plantación de cacao, un bosque de limas, una selva de mangos.
La Navidad es un platanar.
Siempre verde
Las luces se encienden temprano en casa durante el invierno. Ya es de noche.
El sol se cansa después de comer, los días son cortos y el ritmo de las cosas se deposita en el fondo del otoño, esperando la temporada del renacimiento.
En el hemisferio opuesto al nuestro, en cambio, es pleno verano. La luz y el calor del sol son naturales, potentes. Y no hay abetos.
La Navidad cae el mismo veinticinco de diciembre.
La tradición del árbol es pagana, originaria de Europa. Las religiones no tienen nada que ver, ni tampoco las creencias. Se celebra un hecho que todos los pueblos tienen ante sus ojos: la ciclicidad de la naturaleza.
La rama de árbol viva en casa nos recuerda que incluso después del invierno más riguroso, nos levantamos, renacemos. Y luego, siempre llega la primavera. Hay un nuevo comienzo que se empeña en levantar la cabeza y mirar hacia adelante, hacia el nuevo horizonte.
El Grupo Transpack, del que forma parte Nesite, celebra este agradecimiento de esperanza todos los días del año. Sin adornos ni agujas de pino teñidas de blanco. Sin guirnaldas de luces intermitentes, confesiones ni atracones. Sin derroches.
El sentido de la verdadera Navidad, del compartir y de la gratitud, tiene raíces firmes y profundas que cubren kilómetros de terreno. Raíces que dan trabajo, dignidad e independencia. A mujeres, personas con discapacidad, familias, comunidades.
Gracias a la colaboración con Treedom, el Grupo Transpack cuida de todo un bosque, que es también toda una familia, que es también toda una pequeña sociedad de vidas y valores diferentes.
Una Navidad también diferente, siempre verde.
Mil trescientos guardianes
El Bosque del Grupo Transpack cuenta con 1300 árboles entre Guatemala, Malaui y Ecuador, cada uno con su propio documento de identidad. Mil trescientos nombres propios de plantas, mil trescientas fotos de perfil, mil trescientas personas-guardianas que siguen virtualmente su crecimiento, apoyando cada fase de su ciclo vital.

Un bosque que vemos desde aquí a través de una pantalla, que imaginamos más allá de la ventana de nuestro salón comedor. Pero que está presente y es real en el aire que respiramos, en las migraciones de los flamencos, en las primaveras cargadas de polen y abejas, de historias, sacrificios y milagros al otro lado del océano.
El proyecto es una extensión natural de los valores en los que el Grupo cree y apoya: la regeneración medioambiental, el crecimiento económico, la integración social y la mejora de la calidad de vida de las poblaciones locales.
Porque cada espacio, como cada persona, tiene el poder de renacer infinitas veces.
Mil trescientos árboles que reelaboran nuestra contaminación para devolver dignidad, alimento y futuro. Árboles de los que nacen mil vidas más, no solo verdes.
Un regalo de los de verdad
Al fin y al cabo, un árbol de Navidad y un árbol Treedom se parecen un poco. De hecho, más que un poco.
Uno es el protagonista de nuestros hogares en esta época del año. El otro es uno de los actores principales en este espectáculo del mundo.
Uno acoge los sueños de nuestros niños y niñas, el otro hace posible que en tierras lejanas también se pueda soñar.
Uno es símbolo de la vida que renace. El otro es, a todos los efectos, vida que renace.
Ambos nos cuentan la misma verdad: tenemos la tarea y la necesidad de custodiar el futuro, con ideas y gestos concretos, de alimentarlo y creer en su llegada. También gracias a nosotros, por pequeña que sea nuestra contribución.
Con la plantación de cada árbol, Transpack demuestra de forma concreta el sentido del regalo, algo que en esta época del año es fácil que se nos escape, ya que lo tenemos ante nuestros ojos. El regalo no acaba debajo del árbol, precisamente. Es un gesto circular y perpetuo, que late cada día del año y que renace, en su significado, justo cuando todo parece haber terminado, arrugado.
Un regalo que se multiplica. Como los verdaderos.

Infinitas veces
En muchas culturas antiguas, el bosque se consideraba un lugar sagrado donde lo humano y lo natural coexistían sin conflictos, uno como parte del otro.
Hoy en día nos queda muy poco de ese encanto, y tal vez un bosque entero no sea suficiente para sorprendernos con esa antigua alianza. Pero incluso de esa semilla caída entre las rocas o sobre el cemento, el brote es un nuevo comienzo.
El mejor deseo que podemos hacernos, como género humano, es precisamente el de ser nosotros mismos, nosotras mismas, brotes donde no se piensa en frutos, raíces para alguien, apoyo para algo que aún no existe.
Así crece un «bosque».
Árbol tras árbol. Persona tras persona. Comienzo tras comienzo.
Hasta el próximo año nuevo, donde todo vuelve a empezar.
El bosque Transpack Group | Umaneco by Nesite © Todos los derechos reservados
Textos de Chiara Foffano – Ilustraciones de Ariele Pirona
